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Introducción

Cuidar nuestra salud mental no significa únicamente actuar cuando aparece un problema grave. También implica aprender a reconocer cómo nos sentimos, prestar atención a determinados cambios, mantener hábitos que favorezcan nuestro bienestar y pedir ayuda cuando sentimos que una situación empieza a superarnos.

Esta forma de entender el autocuidado adquiere especial importancia cuando existe una adicción. La frustración, la culpa, el aislamiento, los conflictos personales o la sensación de haber perdido el control pueden generar un importante sufrimiento emocional. Esto no significa que una persona con una adicción vaya a desarrollar necesariamente conductas autolesivas o suicidas, pero sí pone de manifiesto la importancia de abordar la salud mental de forma integral y prestar atención al malestar psicológico.

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, queremos hablar de prevención desde una perspectiva responsable y esperanzadora: el sufrimiento emocional merece ser escuchado y pedir ayuda a tiempo también es una forma de cuidarse.

Cuidar la salud mental también es prevenir

Con frecuencia relacionamos el autocuidado con descansar, hacer ejercicio o reservar tiempo para nosotros mismos. Todas estas acciones pueden contribuir al bienestar, pero cuidar la salud mental significa también aprender a identificar aquello que nos está haciendo daño. Reconocer que estamos atravesando una etapa difícil, expresar cómo nos sentimos, mantener el contacto con personas de confianza o acudir a un profesional cuando el malestar persiste son también formas de autocuidado.

La prevención comienza muchas veces mucho antes de una situación de crisis. Empieza cuando dejamos de restar importancia a lo que sentimos y comprendemos que no tenemos por qué afrontar solos determinados momentos.

Suicidio en España: una realidad que necesita atención

Hablar de suicidio requiere responsabilidad, pero evitar completamente el tema tampoco contribuye a su prevención.

Los últimos datos definitivos publicados por el Instituto Nacional de Estadística contabilizan 3.953 fallecimientos por suicidio en España durante 2024, un 4 % menos que el año anterior. A pesar del descenso, continúa siendo una realidad relevante desde el punto de vista de la salud pública.

Las cifras son importantes porque permiten comprender la dimensión del problema, pero detrás de ellas existen personas, familias y situaciones muy diferentes. Por eso, la prevención no puede reducirse a estadísticas: requiere información, detección precoz, acceso a recursos sanitarios y una sociedad capaz de hablar sobre el sufrimiento emocional sin estigmatizar a quien lo experimenta.

España cuenta desde 2025 con el primer Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, desarrollado siguiendo recomendaciones basadas en la evidencia de la Organización Mundial de la Salud. Entre sus objetivos se encuentran prevenir las conductas suicidas, mejorar la atención a las personas en situación de vulnerabilidad y reforzar la coordinación de los diferentes ámbitos implicados.

Adicciones y malestar emocional: comprender sin simplificar

Una adicción puede ir acompañada de ansiedad, tristeza, irritabilidad, aislamiento, dificultades para dormir u otros síntomas emocionales y psicológicos. Sin embargo, la presencia de estos síntomas no significa necesariamente que exista otro trastorno de salud mental. En algunos casos pueden estar relacionados con el propio consumo, la abstinencia o las consecuencias que la adicción está generando en la vida de la persona.

En otras situaciones sí existe una patología dual, es decir, una adicción que coexiste con otro trastorno mental. Ambas problemáticas pueden influirse y potenciarse mutuamente, por lo que es necesaria una valoración especializada que permita diferenciarlas y establecer las prioridades del tratamiento.

En determinados casos, avanzar primero en el control de la adicción permite observar cómo evoluciona la sintomatología asociada y abordar posteriormente, con mayor precisión, aquellos problemas de salud mental que continúan presentes. Esto no resta importancia a ninguna de las dos problemáticas, sino que permite organizar la intervención de acuerdo con las necesidades reales de cada persona.

El autocuidado va mucho más allá de sentirse bien

Cuidarse no significa estar siempre bien ni evitar cualquier emoción difícil. La tristeza, la frustración, el miedo o la incertidumbre forman parte de la experiencia humana. El autocuidado consiste también en desarrollar recursos para atravesar esos momentos sin ignorarlos ni recurrir a conductas que puedan perjudicarnos.

Algunas acciones sencillas pueden contribuir a mantener un mayor equilibrio:

  • Mantener unos horarios razonablemente estables de descanso y alimentación.
  • Evitar el aislamiento y conservar el contacto con personas de confianza.
  • Mantener actividades que aporten estructura y bienestar al día a día.
  • Expresar las emociones en lugar de acumularlas.
  • Seguir las pautas establecidas durante el tratamiento.
  • Pedir apoyo cuando una situación empieza a resultar difícil de gestionar.

Ninguna de estas medidas sustituye la atención profesional cuando existe un problema de salud mental. Son herramientas que forman parte de una forma más amplia de cuidar nuestra salud.

Señales de malestar que no conviene ignorar

No siempre resulta sencillo saber cuándo una persona está atravesando una situación emocional especialmente difícil. Algunas personas expresan claramente lo que sienten; otras pueden tener dificultades para comunicarlo. Determinados cambios persistentes pueden indicar que conviene prestar más atención:

  • Aislamiento progresivo.
  • Pérdida marcada de interés por actividades habituales.
  • Cambios importantes en el comportamiento o el estado de ánimo.
  • Abandono del autocuidado o de responsabilidades.
  • Expresiones frecuentes de desesperanza, inutilidad o sensación de no encontrar salida.
  • Incremento significativo del consumo de alcohol u otras sustancias.
  • Comentarios relacionados con hacerse daño, desaparecer o no querer seguir viviendo.

Estas señales no deben utilizarse para diagnosticar a una persona, pero sí pueden justificar una conversación y, especialmente cuando existen verbalizaciones relacionadas con autolesión o suicidio, la búsqueda de ayuda profesional. Escuchar sin juzgar, tomar en serio lo que la persona está expresando y facilitar el acceso a atención especializada puede ser muy importante.

Hablar y pedir ayuda antes de llegar a una crisis

Una de las ideas que más necesitamos cambiar alrededor de la salud mental es que hay que esperar a encontrarse extremadamente mal para consultar a un profesional. No es necesario llegar a una situación límite.

Cuando el malestar empieza a interferir de forma persistente en el descanso, las relaciones, el trabajo, el tratamiento o la capacidad para afrontar el día a día, pedir orientación puede ayudar a comprender qué está sucediendo y decidir cómo actuar. En los procesos de recuperación de una adicción sucede algo similar. Comunicar al equipo terapéutico que aparecen emociones difíciles, pensamientos preocupantes o cambios importantes permite valorar la situación y adaptar la intervención cuando sea necesario. Pedir ayuda no representa un fracaso dentro de la recuperación. Es una herramienta para protegerla.

Cómo abordamos el bienestar emocional en CT La Garriga

El tratamiento de una adicción requiere comprender a la persona más allá del consumo. Durante el proceso terapéutico se trabajan aspectos relacionados con la gestión emocional, la autoestima, las relaciones personales, los hábitos, la forma de afrontar las dificultades y aquellas circunstancias que pueden estar interfiriendo en el bienestar del paciente.

Cuando aparecen síntomas o situaciones que requieren una valoración específica de salud mental, es importante identificarlos y abordarlos adecuadamente dentro de una intervención coordinada. El acompañamiento familiar también resulta relevante. Las familias necesitan información y herramientas para comprender mejor lo que está ocurriendo, detectar cambios importantes y saber cómo actuar cuando existe preocupación por el estado emocional de una persona cercana.

Cuidarse también significa dejarse ayudar

Superar una adicción implica esfuerzo y compromiso, pero no significa tener que demostrar constantemente que uno puede hacerlo todo solo. Habrá momentos de mayor seguridad y otros en los que aparezcan dificultades. Aprender a reconocerlas, hablar sobre ellas y utilizar los recursos disponibles también forma parte de construir una recuperación más sólida.

El autocuidado no consiste únicamente en aquello que hacemos por nosotros mismos. A veces, la decisión más importante para cuidarnos es permitir que alguien nos ayude. Hablar con una persona de confianza, consultar al equipo terapéutico o acudir a un profesional cuando el malestar empieza a resultar difícil de gestionar puede cambiar la forma en la que afrontamos ese momento.

¿Necesitas orientación? Podemos ayudarte

Si estás atravesando un problema relacionado con una adicción o te preocupa la situación de un familiar, no es necesario esperar a que el problema avance para consultar. En CT La Garriga ofrecemos orientación y tratamiento especializado, adaptando el proceso a las necesidades y al momento de cada persona. Nuestro equipo trabaja también con las familias para ayudarles a comprender la enfermedad y acompañar la recuperación de una forma adecuada.

Si necesitas información sobre nuestros tratamientos, puedes contactar con nosotros. Una primera conversación puede ayudarte a comprender mejor la situación y valorar cuáles pueden ser los siguientes pasos.

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