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post-me-llamoUno de los talleres que habitualmente realizamos en nuestro Centro de Día consiste en hacer un repaso de lo que es la trayectoria de vida de cada adicto, y analizar que papel ha jugado el consumo en cada una de ellas. Una vez hecho este repaso, cada paciente escribe su “testimonio”. El hecho de plasmar sus vivencias en un papel, contribuye a la aceptación y comprensión de las mismas, lo cual favorece enormemente el trabajo terapéutico. De algún modo, podríamos decir que el taller del testimonio pretende iniciar un camino para que el paciente termine por quedar en paz consigo mismo.

Hoy mismo hemos llevado a cabo este taller, y nos ha apetecido compartir con todos vosotros uno de los escritos resultantes. Ahí va:

“Me llamo X. Soy politoxicómano.

Empecé a tomar con 14 años, de forma social, con los amigos los fines de semana. El tóxico me hacía sentir desinhibido, mejor persona de lo que me sentía estando sobrio, y también me daba la oportunidad de pertenecer a un grupo de personas que yo consideraba interesantes.

Al cabo de pocos años, mi consumo había aumentado, y había ido probando  más sustancias. Consumía todos los fines de semana, y con alguna sustancia empecé a consumir también entre semana, hasta que el consumo se convirtió en diario.

Empecé a tener paranoias, ya no me sentía bien conmigo mismo al consumir, me sentía peor que estando sobrio, pero no podía dejar de tomar.

Estaba triste, agresivo, enfadado conmigo mismo, con la vida, con mi familia, con la sociedad, con mis profesores, con mis jefes… con todo ser viviente. Lo pasaba mal. Llegó un punto en el que me quería morir.

Para conseguir tomar alguna vez robé a mis padres, les mentía para conseguir dinero, todo me lo gastaba en droga.

Dejé de estudiar, de relacionarme con gente sana y responsable, solo me juntaba con gente que estaba igual o peor que yo. Perdí algunos trabajos por ir intoxicado, por faltar, por llegar tarde y con la resaca… Un desastre.

Mis últimos tiempos de consumo fueron una pesadilla. Tenía pensamientos de suicidio, incluso llegué un día a hacer un intento. Pasaba días enteros y seguidos sin dejar de tomar, sin dormir, comer, ducharme, queriendo reventar y morir, sin ser capaz de acabar con el ansia de “una más y ya está”.

Ingresé en recuperación porqué no quería malgastar más mi vida y porqué mi familia ya no podía más. Mi padre me dijo que ya no quería verme más por casa si no ponía remedio a mi enfermedad, y fue entonces cuando busqué ayuda.

Llevo solo tres meses en recuperación, y dicen que esto va para largo, pero de momento yo ya encuentro muchas gratificaciones en mi día a día. Empiezo a saber quién soy, y a hacerme responsable de mi vida, no dependo de ninguna sustancia. Puedo llegar a casa tranquilo porqué sé que no tengo nada que esconder, no he robado, ni he desaparecido ni he dicho ninguna mentira. Eso me hace estar tranquilo y sentirme en paz conmigo mismo.”

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